La civilización griega ha sido una de las que más ha aportado a las sociedades occidentales. Sin embargo, no todo en la Grecia Antigua era bello y hermoso. También había aspectos negativos que no debíamos haber heredado, pero que, a pesar de los siglos pasados, mantenemos. Uno de ellos era la situación de subordinación de la mujer griega.
¿Por qué la mujer ocupaba un lugar inferior al hombre? Os ofrezco la lectura de un fragmento (VII, 22) de la obra de Jenofonte titulada Económico (traducción de Juan Zaragoza). Conviene leerlo sin olvidar que estamos ante un autor del siglo V-IV a.C.. El problema no es que Jenofonte dijera semejantes cosas, sino que hoy en día haya gente que esté de acuerdo con él.
"La divinidad, en mi opinión, creó la naturaleza de la mujer apta desde un principio para las labores y cuidados interiores, y la del varón para los trabajos y cuidados de fuera. Dispuso también que el cuerpo y la mente del hombre pudieran soportar mejor los fríos y el calor, los viajes y las guerras, y en consecuencia le impuso los trabajos de fuera. En cambio, a la mujer, al darle un cuerpo menos capaz para estas fatigas, la divinidad le encomendó, me parece a mí, las faenas de dentro. Y sabiendo que había inculcado en la mujer y le había encargado la crianza de los niños recién nacidos, también le adjudicó en el reparto un mayor cariño hacia los recién nacidos que al hombre. Como también encargó a la mujer la vigilancia de los víveres: sabiendo la divinidad que para la vigilancia no es malo para ser de carácter medroso, infundió en la mujer un grado mayor de miedo que en el hombre. Pero sabiendo que tendría necesidad de defenderse el que se encargara de las faenas de fuera, si alguien intenta hacerle daño, le dio a su vez a éste una mayor parte de audacia. […] Y como ambos por naturaleza no tienen las mismas aptitudes, precisamente por ello se necesitan mutuamente, y la pareja es más provechosa porque uno puede lo que al otro le falta."