Marco Valerio Marcial fue un poeta hispano (Bilbilis) que destacó por sus mordaces comentarios y ácidas críticas en la Roma de Nerón y los Flavios. Corría el siglo I d.C. cuando Marcial escribía sus epigramas (composiciones breves en verso) de contenido muy variado y de tono satírico y burlesco. No es difícil abrir un libro del bilbilitano por una página al azar y encontrarse con un poema obsceno. Hay muchos. Sin embargo, no deberíamos quedarnos sólo con éstos y olvidar el resto. No obstante es normal la curiosidad que suscitan. Nos llama poderosamente la atención que este tipo de composiciones tuvieran éxito en la época y, quizá, hasta que estén englobados dentro del arte literario.
Os selecciono algunos epigramas obscenos con la intención de que entendáis que la visión sobre los temas sexuales ha variado a lo largo de la historia y también, por qué no decirlo, para que os riáis un rato. Os ofrezco la traducción de Dulce Estefanía, aunque os recomiendo echar un vistazo al original. El traductor puede elegir distintos términos que, aunque sean sinónimos, pueden suavizar o aumentar la intención real del autor. Las traducciones son necesarias, pero suponen un intermediario entre el autor y el lector. Si pincháis en el siguiente enlace, podréis ver el original. No creo equivocarme al afirmar que más de uno buscará cómo se dicen ciertas palabras en latín. Os animo a investigar. Marcial en Latín
Libro II, poema 62
Te depilas el pecho, las piernas y los brazos y tu minga afeitada está rodeada de pelos cortos: todo esto lo pones, Labieno -¿quién lo duda?- a disposición de tu amiga. El culo que depilas ¿a disposición de quién lo pones, Labieno?
Libro VI, poema 23
Ordenas, Lesbia, que mi pene esté siempre a tu disposición: créeme, una minga no es como un dedo. Aunque tú la estimules con manos acariciadoras y con palabras, tu rostro imperioso actúa en contra tuya.
Libro VI, poema 36
Tienes una minga tan grande como tu nariz, Papilo, de forma que, cada vez que entras en erección, puedes olerla.
6 comentarios:
"Érase un hombre a una <> pegada"
El arte y la censura un tema inevitable, tanto como libre será siempre, a pesar de los pesares, la expresión creativa; y aun a pesar de las traducciones castrantes y anodinas, otras soleadas y felices terminan viendo la luz que les pertenece.
He aquí el caso, ¿cómo no habían de ser queridos por los romanos estos picantes epigramas tal y como ahora nos seduce la literatura erótica? Por su parte los "epigramas priapeos" reflejan la importancia de un dios de la fertilidad y la abundancia de los campos y de la vida, desde su lado masculino, por ello los exagerados atributos que lo definen aparecen como muestra de su virilidad.
Me remito al estudio de mi gran amigo Antonio Martín Ortiz que dedica una entrada en su extraordinario blog:
http://antoniomartnortiz.blogspot.com/
a Marcial y a sus epigramas:
http://antoniomartnortiz.blogspot.com/2010/04/martialis-priapea-epigrammata-los.html
Así en el primero que nos ofrece don Antonio, encontramos el lamento de Marcial quejándose precisamente de las críticas a su libertad de expresión. No puedo dejar de reproducir su declaración de principios: "No hay cosa más torpe que un Príapo capón"...
Sin duda en este blog de nuestra Laura, se hace realidad aquella premisa del gigante Horacio en su "Ars Poetica:"aut delectare aut prodesse est", es decir "enseñar deleitando".
Querida Laura, agradeceré cualquier corrección a mi titubeante conocimiento del latín.
Sea bienvenida la literatura libre, cuántas lecciones nos siguen dando los Clásicos.
Un abrazo.
Elena, nos ofreces un buen blog para leer una interesante selección de epigramas de Marcial. No tienen desperdicio.
Se me ha olvidado comentar que en el blog de Antonio Martín Ortiz hay un enlace a un estudio sobre el léxico erótico de Marcial. Como yo decía en la entrada, más de uno sentirá curiosidad. De cualquier lectura se extrae una enseñanza. A leer.
Hombre, para niños tampoco es...
A mí, las obras que más me gustan son las Galias de Julio César, porque es un latín que se entiende bastante bien, y están muy entretenidas sus crónicas de batallas.
Todo es cuestión de gustos, cómo no. Sinceramente, para mí ambos están bien para un rato. Para un verdadero deleite me inclino por Ovidio o Catulo.
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